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jueves, 4 de abril de 2013

Leyenda de la campana de San Sebastián


Se cuenta, que allá por los tiempos del Capitán Pedro Gutiérrez y de los Motas y Salazares, traían procedentes de España una artística campana de legítimo bronce y de buen quilataje de oro, vibrante, sonora, fina, para la Iglesia de San Sebastián de Diriamba. Al atracar la embarcación a la playa, el Pacífico, que a veces no es tan pacífico, hizo zozobrar la embarcación en las vecindades del sitio llamado posteriormente “El Astillero”. 


Una parte de la tripulación pereció ahogada y otra se salvó. La preciada campana se fue al fondo del mar. Mas, San Sebastián, hizo el milagro de que manos misteriosas llevaran la campana a un sitio oculto, en la playa, que más tarde se denominó “El Mogote”, donde fue guardada la campana en una cueva, cuya entrada mira hacia el mar. 

Las olas embravecidas cuidaban y cuidan la entrada de esa cueva, donde la planta humana no osaba penetrar. Pero los vecinos del pueblo oían en ciertas noches un tropel de caballos que velozmente se dirigían fuera de Diriamba, hacia el mar. La imaginación popular divagando en aquellas noches oscuras, mientras rutilaban las estrellas arriba y el silencio se hacía  aquí abajo en la paz del poblado, completó la leyenda de la campana de San Sebastián. 


El tropel que se oía a deshoras era la cabalgadura en que viajaban Santiago acompañado de los ángeles que se dirigían veloces con la velocidad de la luz, hacia el cerro denominado “El Mogote”, a repicar la campana en honor del glorioso mártir y no son pocos los que la oyeron sonar en el viento que viene del mar.

Leyenda de la princesa Oyanca


Allá por 1590 en el Valle de Sébaco habitaba una nación de indios matagalpas bajo el cacique Yamboa. De los metales, trabajaban el oro por su ductilidad y belleza. Habían encontrado yacimientos de este bello metal en una cueva en las montañas cercanas al norte del poblado, que guardaban como secreto. Sin embargo, los soldados de la Corona española descubrieron que algunas indias relacionadas con el cacique lucían collares con grandes pepitas de oro tan grandes como las semillas de tamarindo. 

El capitán envió pepitas de oro al rey de España quien era el dueño de todo lo que descubriesen. Por esa razón a los tamarindos de oro les decían también Tamarindos Reales. Este regalo no hizo más que despertar la ambición de los conquistadores y pusieron un resguardo o guarnición de soldados cerca del poblado. 

Los indios resintieron esto y hubo algunas escaramuzas en que murieron indios y soldados de la Corona. Mientras tanto en Córdoba, España, vivía una familia, cuyo padre Joseph López de Cantarero, teniente de la armada española, había sido enviado a Nicaragua, y reportado muerto en Sébaco en un combate con los indios del lugar.

La viuda, María de Albuquerque, decidió llevar a su hijo al convento de los padres franciscanos y logró que admitieran a José para estudiar y convertirse más tarde en sacerdote. Cuando le faltaban solamente unos meses para ordenarse, el joven descubrió que el sacerdocio no era su vocación, él era ambicioso, quería ir a conocer donde su padre había  fallecido y buscar aventuras en aquella tierra misteriosa. 

Contaba con 19 años, aprovechando una salida que le autorizaron para visitar a su madre le confesó que no volvería al convento y que deseaba hacer algo que siempre soñó, tomaría nuevos rumbos. Se dirigió al puerto de Cádiz, donde buscó un barco que viniera a América. 

Llegado a Cartagena tomó otro barco hasta un puerto llamado David, cruzó el Istmo del
Darién hasta la ciudad de Panamá, tomó un barco que venía al puerto de la Posesión de El Realejo, en Nicaragua. Después de ubicarse en Sébaco e investigar el lugar, supo que su padre había muerto porque un capitán de apellido Alonso arrebató unas piezas de oro a unas indias, los indios  reaccionaron dando muerte a unos soldados a los cuales el capitán había ordenado protegerlo.

Investigó José la suerte del capitán, encontrando que había perecido posteriormente por intentar encontrar los yacimientos forzadamente. José trató de hacer amistad con la gente cercana al cacique, y encontró la manera de conocer a la hija del cacique llamada Oyanka. Ambos eran jóvenes y agraciados, se enamoraron, ella era de unos 17 años de edad, de  tez bronceada, ojos café ámbar, de facciones finas, un tanto sensuales, y cabello largo muy hermoso. José no olvidó su propósito por enriquecerse. 

Conversando con ella, logró al fin que lo llevara a ver donde extraía su padre los  tamarindos de oro. Se encaminaron hacia las montañas del poblado La Trinidad, allí había una cueva escondida. Entraron a la cueva prohibida, con una tea de ocote encendida, salieron murciélagos espantados por la luz y abundantes culebras se arrastraron a refugiarse.  

José pudo ver ante sí una veta de cuarzo donde notábanse adheridos grandes granos del brillante metal, no podía creerlo, con poco esfuerzo podía desprender lo que parecían grandes botones dorados del tamaño de semillas de tamarindo. Guardó siete de ellas en su bolso. Mientras tanto, el padre de Oyanka  inquiriendo acerca del paradero de su hija, al recibir información de qué dirección habían ambos tomado se  figuró que andarían en la cueva secreta. Ordenó la captura del atrevido jovenzuelo, y el encierro de la princesita. 

No podía eliminar a José por temor  a la reacción de los soldados acantonados en Metapa, pero sabiendo de una incursión de los indios Caribes por el río Yaguare, los cuales solían atacar de noche llevándose mujeres y niños españoles, envió mensaje a los indios Yarinces de la raza caribe que si no atacaban a su población les entregaría oro y a un joven español de alta posición cuyo rescate ellos podrían negociar en el futuro con la Corona española. Así se deshacía de aquel inoportuno novio de su hija sin necesidad de eliminarlo. 

Oyanka, privada de libertad y oyendo lo de su novio, se deprimió tanto que no quiso comer más, su padre trató de convencerla, pero la enamorada novia le dijo que no podía vivir sin José, cayendo en un sueño del que según ella no despertaría hasta que su padre hiciera regresar a su joven amante. Nadie pudo evitarlo, Oyanka se recostó al principio con los ojos abiertos, pensativa, después de varias semanas cayó en un sueño que no era de la muerte porque nunca corrompió su cuerpo, era el sueño del que sólo el regreso de su amado podía rescatarla.

La serpiente de los tres pelos


Hace muchos años cuando se estaba formando Matagalpa, estaban ubicados sus primeros habitantes, cuentan que hubo una discusión y que apalearon a un sacerdote, no se sabe el motivo, pero el sacerdote agarró su mula y se fue, pero antes de irse dijo una maldición para los pobladores de esta ciudad.

Con el tiempo buscaron al sacerdote para saber cuál era esa maldición, y él les comunicó que existía una culebra gigante que cubría toda la ciudad y que estaba amarrada por tres pelos, la cabeza de esta culebra está en la Catedral de Matagalpa y la cola en el cerro de Apante, y los tres pelos están amarrados en la quebrada del Yaguare, ubicada en el barrio de Palo Alto.

Según la historia, ya se han reventado dos pelos, sólo falta uno, cuando estos tres pelos se revienten se derrumbará el cerro de Apante y se reventarán fuentes grandísimas de agua que atraviesan esa zona, entonces Matagalpa se inundará Los habitantes en su mayoría conocen esta historia, muchos dicen que no creen en esto, pero otros afirman que así será.

Tío Grillo, el Sajurín


Un rey perdió su anillo costoso.  Sus tres criadas lo robaron, pero él no lo sabía.  Hicieron tragarlo a un pez grande en el estanque del jardín. El rey llama a los sajurines del reino.  Quiere que alguien adivine el lugar de su anillo precioso.  Dice que el voluntario puede vivir en el palacio por tres días comiendo y bebiendo como un rey.  Pero, si después de estos días, no encuentra el anillo, le cortaría la cabeza.

Ningún sajurín quiere el trabajo.  ¡Los sajurines no quieren perder sus cabezas!  Tienen miedo y no están seguros que puedan descubrir quien robó el anillo.  

En la ciudad, vivía un viejito quien por ser muy contrahecho lo apodan Tío Grillo.  Cuando oye el anuncio del rey, piensa: “A mí, me gustaría pasar tres días en el palacio real.  Puedo comer como el rey.  Puedo beber como el rey.  No puedo adivinar el lugar del anillo.  Pero, mi vida es tan miserable; no me importa morir después de los tres días.  Si me quedo aquí, puedo morir de hambre.”

Dicho y hecho.  Tío Grillo se presenta como sajurín al Rey.  El Rey no está seguro que Tío Grillo sea inteligente, pero lo acepto.  Dice, “Trato es trato.  Debes descubrir mi anillo en tres días o te cortará la cabeza.”

Una criada lleva a Tío Grillo hasta una habitación.  ¡Es fantástica!  Tiene una cama gigante.  La alfombra es muy gruesa.  Los muebles son muy elegantes.  La criada le trae una comida como si fuera el rey.  Antes de meterse en la cama, Tío Grillo piensa en los tres últimos días de su vida y se dice, “Ya vi el primero, me faltan dos.”
  
La criada lo oye.  Ella piensa que él sabe su secreto, que ella es una de los ladrones del anillo. En seguida va a hablar con sus cómplices. Otra criada acepta de atender a Tío Grillo el día siguiente. Ese día siguiente, Tío Grillo está contento. Come tres comidas ricas y excelentes. En la noche, entra en el baño para lavarse en la bañera enorme. 

La lleva con agua caliente y jabón de oler.  Descansa en el agua y dice a sí mismo, “Ya vi dos.  Me falta uno.”  Tío Grillo quiere decir que sólo un día le resta de vida.  Pero la criada lo oye y ella piensa que quiere decir que él sabe que ella también es ladrona. La segunda criada corre y habla con las cómplices.  Tienen miedo.

El tercer día la tercera criada sirve a Tío Grillo.  Los dos están el comedor. La mesa elegante está llena de comida rica. Después de comer, Tío Grillo, despidiéndose de la vida mortal, dice, “Y vi los tres.” La tercer criada, como sus amigas los otros días, piensa que él conoce su secreto. Cae de rodillas y dice, “Nosotros somos las ladronas.  Por favor, no nos denuncie.”  La criada explica a Tío Grillo el lugar del anillo.

En la mañana, el rey está sentado en la biblioteca del palacio.  Hay estantes de libros en todos lados.  Desde las ventanas se puede ver jardines con flores y plantas del mundo (y el estanque). Tío Grillo entra.  Le dice al rey que el anillo costoso está dentro del pez del estanque.  Todavía, el rey no puede creer que Tío Grillo sea verdadero sajurín. Le hizo otra prueba. La cocinera destazó el rabo de una chancha y lo enterró en el jardín.  Cubrió el entierro con flores.  El rey dice a Tío Grillo, “¿Qué hay enterrado aquí?”

El tío está perplejo y preocupado. Exclama, “Aquí sí que torció la chancha el rabo.” (Es el refrán que se usa cuando uno tiene razón con algún caso, pero se erra en otra.) El rey, sorprendido, dice, “Tienes razón, es rabo de chancha en ese entierro.”  Sin embargo, el rey no cree que el Tío sea sajurín.  Tiene una última prueba de sorpresa.  Cuando el Tío no mira, el rey coge un grillo del jardín. Lo pone en su puño de la mano derecha. Pregunta al sajurín, “¿Qué tengo aquí en la mano?” El Tío no sabe.  Piensa algunos momentos.  Acepta que el rey conoce la verdad y va a morir.  Desesperado, se dice, “¡Ah, Tío Grillo, estás atrapado!”  

El rey, que no sabe el nombre del Tío, piensa que es, realmente, un sajurín.  Le da a Tío Grillo mucho dinero y honores.  El Tío no quiere pasar otras pruebas. Se esconde en un pueblo lejos del palacio y desconocido. Este cuento prueba de que cuando una persona está de buena suerte, todo le resulta bien por la bondad de Dios. Al contrario, cuando una persona está de mala suerte, todo le sale al revés, por la maldad del diablo que mete su cola.

La jirafa embarazada





Sergio Ramírez Mercado

Para Carlos, Alejandro, Luciana, y Andrés.

El circo entró en dificultades después que un ciclón se llevó la carpa que se fue volando sobre el lago, y las funciones tuvieron que hacerse a partir de entonces a la luz de la luna. Además, la gente estaba pobre, y aunque se rebajó el precio de las entradas no muchos asistían, y los gastos eran considerables. Había que pagar sus sueldos a los músicos, trapecistas, malabaristas, payasos y bailarinas, darles de comer, y dar de comer a los animales.

Sólo la mujer más gorda del mundo se comía una arroba de carne al día, y a falta de carne se puso flaca como un fideo. Otro tanto se comía el león, rey de la selva; pero como lo tenían racionado, el león empezó a perder su cara fiera y ya no asustaba a los niños. Los monos acróbatas sufrían sino tenían sus bananos para el desayuno y al final del día aullaban de hambre, y sacaban la mano por entre los barrotes de sus jaulas pidiendo al que pasaba que les diera algo de comer, con cara de limosneros.

Los tigres de Bengala daban lástima de tan flacos, y las barrigas les rugían de necesidad. Ya no se diga los payasos, a los que les sonaban las tripas en media función, y la gente se reía creyendo que eran gracias suyas, pero eran más bien sus barrigas que reclamaban comida, igual que las barrigas de los tigres.

El fakir, a pesar de que los fakires no comen mucho, se quería comer hasta los clavos de su cama. Y una noche que el domador se desmayó de hambre mientras tenía metida la cabeza entre las fauces del león, el león, de tan débil que se hallaba, no se animó a darle ningún mordisco. Todo aquello era una calamidad.

Entonces llegó el día en que el circo quebró por fin. Los artistas cogieron cada uno su camino, y no fue fácil hallar quien se hiciera cargo de los animales. La cabra matemática, que sabía contar hasta veinte, no tuvo problema en hallar un hogar sustituto, lo mismo que los monos, que eran graciosos y se comportaban con respeto y educación. Los leones y los tigres fueron llevados al zoológico, y lo mismo ofrecieron hacer con la jirafa. Porque el circo tenía una jirafa, que era la principal atracción.

Por qué era la principal atracción no se sabe, pues la jirafa no sabía hacer nada más que estarse parada en su corral, estirando el pescuezo, y mirando al mundo desde muy arriba. De manera que nunca entraba a la pista del circo a la hora de la función, como los demás animales, que hacía cada uno su número: el tigre de Bengala saltaba por un aro de fuego, el león rey de la selva se subía de un salto a un taburete, los monos hacían piruetas en el trapecio, y la cabra matemática, ya se sabe, contaba hasta veinte.

Pero la jirafa no fue a parar al zoológico, como se va a ver. Había una señora muy buena llamada doña Laura, que hacía tortillas, y fue la única que quedó fiándole tortillas a los artistas del circo, ya cuando nadie les daba nada al fiado porque no tenían con qué pagar, y así por lo menos comían tortilla con sal. Y a la hora de quebrar el circo el dueño tenía pendiente una gran cuenta con doña Laura.

Y ocurre que doña Laura tenía un niño llamado Juancho, que era el encargado de repartir las tortillas, y le dijo el dueño del circo: “Sé que le debo mucho por las tortillas a tu mamá, y como no hay dinero con que pagarle, decile por favor que escoja del circo lo que más le guste: una jaula, un trapecio, una cuerda de equilibrista, un vestido de payaso. O un animal”.

Y Juancho, que cada vez que llegaba al circo a dejar las tortillas se quedaba frente al corral de la jirafa, que era su preferida, y la jirafa también se sentía a gusto con él, de manera que se trataba de una gran amistad entre los dos, le dijo al dueño del circo:

“Mi mamá escoge la jirafa”.

“¿Estás seguro de eso, sin haberle consultado?”, preguntó el dueño del circo.

“Ella misma me lo dijo antes de salir para acá, que si estaban repartiendo los animales en pago por las deudas, ella escogía la jirafa”, contestó Juancho.

No era cierto, la mamá de Juancho nada sabía de reparto de animales, ni de jirafa. Pero el dueño del circo, que así hallaba un alivio, porque le pesaban las deudas y sólo quería volverse pronto a su país, dijo:

“Así sea entonces”, y abrió la puerta del corral, y entregó a Juancho el cordel que colgaba del cuello de la jirafa.

Cuando Juancho cogió calle jalando a la jirafa por el cordel, ella se veía muy contenta de irse con su amigo, y consideraba una gran aventura salir del corral donde pasaba aburrida.

Pero quien no iba tan contento era Juancho, que hasta ahora se hacía cargo de su mentira. Y mientras una gran pandilla de muchachos curiosos se ponía detrás de la procesión que formaba con la jirafa, iba creciendo su aflicción. ¿Qué diría a su mamá, doña Laura, a la hora de aparecer en la casa con la jirafa? La casa era muy pequeña y muy humilde, y no iba a alcanzar allí jirafa ni nada. ¿Dónde iba a meterla? El único sitio era el patio, que era un patio chiquito, donde había sembrados un palo de mango y un papayo.

Y doña Laura, que vivía pendiente de Juancho, había salido a media calle a esperarlo, y cuando lo divisó venir jalando la cuerda que traía amarrada al pescuezo la jirafa, y detrás el muchachero, se asustó, y corrió a su encuentro.

“¿De donde has sacado ese animal?”, le preguntó, secándose las manos en el delantal.

“Me lo saqué en una rifa” contestó Juancho.

Qué mentiroso Juancho. Primero iba a decir que el dueño del circo se la había dado en pago de las tortillas, lo que no dejaba de ser verdad, pero luego se arrepintió, porque entonces doña Laura iba a devolver la jirafa, diciendo que no quería ningún pago en forma de aquel animal desconocido y tan extraño.

Como si se diera cuenta del problema que se presentaba, y del riesgo que corría de que la devolvieran a su antiguo dueño, la jirafa bajó la cabeza desde la altura donde la tenía, y muy cariñosa le dio un lenguetazo en el cachete a doña Laura. Y consiguió lo que quería, porque doña Laura se rió.

“¿Y qué come ella?”, preguntó.

A la jirafa le gustó que aquella señora la llamara esta vez “ella”, y no dijera “¿qué come este animal”?

“Come zacate fresco, hojas de papayo, y hojas de mango, porque es una especie herbívora”, contestó Juancho, dándoselas de sabio según lo aprendido en la escuela, y fijándose que eran ésos los palos que había en el patio de su casa.

“¿Y cómo se llama?”, preguntó doña Laura.

“Me parece que no tiene nombre”, dijo Juancho.

“Vamos a ponerle entonces Managua”, dijo doña Laura, “para que así tenga el nombre de nuestra ciudad capital”.

Mientras tanto la multitud de muchachos que había acompañado a la jirafa desde el circo aumentaba ahora con más muchachos del barrio, y los vecinos salían a la calle y preguntaban a doña Laura por aquella adquisición, y ella respondía a todos, orgullosa, que como Juancho era suertero, se la había sacado en una rifa de animales del circo, pues no tenía idea ella si aquel circo había quebrado o no había quebrado debido a la pobreza.

Y mientras doña Laura recibía las felicitaciones, Juancho hizo pasar al patio a la jirafa, atravesando con ella la tranquera, y pronto se vio desde cualquier parte del barrio su gran pescuezo asomar por encima de los techos, y la cara de felicidad con que desde las alturas ella contemplaba todo, mientras los vecinos se acercaban a llevarle zacate picado, hojas de toda clase, tallos frescos, y hasta flores para que comiera.

Nunca en su vida se sintió mejor la jirafa, mimada y admirada, y dándose a cada rato banquetes de alta categoría con todas aquellas hojas.

Y llegaron las vecinas de doña Laura a visitar a la jirafa, y una de ellas, que era comadrona de oficio, dijo palpándole la panza:

“Se me hace que esta señorita está embarazada”. “¿Cómo puede ser semejante cosa si no tiene compañero?” dijo doña Laura.

Y preguntó entonces a Juancho, muy alarmada:

“¿Quedó en el circo una jirafa macho?”

Juancho respondió que no, que en el circo no había ningún otro animal que fuera jirafa macho, más que los monos acrobáticos, el tigre de Bengala, el león africano rey de la selva, y la cabra matemática. Y doña Laura le ordenó que fuera de inmediato al circo a averiguar aquel misterio. Y todos quedaron muy intrigados esperando su regreso.

Fue, y averiguó, y dio el correspondiente informe: el dueño del circo, que ya se subía en un bus que lo llevaba a la frontera con Honduras, le confesó que era cierto, que en el circo había existido, hasta su anterior parada en Costa Rica, una jirafa macho, pareja de la ahora llamada jirafa Managua; pero que por las mismas dificultades de todos sabidas, se había visto en la necesidad de vender al compañero.

Y así fue que vino al mundo en Managua, la ciudad capital, bajo los cuidados de la comadrona, la jirafa Managüita, hija de la jirafa Managua, que Juancho no se sacó en una rifa, sino que recibió en pago por la deuda que ya sabemos.

Y desde entonces Managüita lo acompañaba a entregar las tortillas de casa en casa, muy alegre y retozona, y también a la escuela, donde Juancho se lucía poniéndola de ejemplo a la hora de responder a las preguntas del profesor sobre los animales herbívoros.

EL PUNCHE DE ORO


El oro, metal precioso, eternamente brillante y resplandeciente, imperecedero frente la acción corrosiva del tiempo, guarda en el recuerdo colectivo un valor simbólico con resabios sagrados. El oro no solamente simboliza la luz que enciende con su poderoso fulgor la ardiente llama de la ambición.
En el pensamiento del ' pueblo, el oro también brota mágicamente de la oscuridad del pasado como el eterno símbolo sagrado con el cual se celebra la divinidad en toda su perfección-, materializándose en el vigor ancestral del espíritu comunal. Con este valor sublime se proyecta una aparición nocturna que deambula como el alma en pena en las oscuras noches, desde que emerge intempestivamente en el medio del furibundo oleaje del océano pacífico, envuelta en una aureola cegadora, como luces de bengala que viene iluminando su recorrido desde las playas de Poneloya hasta la Iglesia de Sutiava donde se detiene para hacerle una reverencia al sol suspendido en la bodega del vetusto templo. Sobre este alucinante y misterioso personaje nocturno, nos habla una guardiana de las ruinas de Veracruz: "Aquí en Sutiava hay un inmenso tesoro enterrado y el espíritu de este tesoro sale por las noches. Es un inmenso Punche de Oro".
Las personas que lo han visto dicen que es un punche gigante que brilla como el oro, éste cuida el tesoro de la comunidad indígena, sale por las noches, después de la muerte del último cacique, ADIAC.
Don Juan un auténtico Sutiava nos contó, que ese punche es una maravilla ya que brilla como oro y sus ojos son como diamantes de fuego. Este punche sale dos veces en el año, a mitad de la Semana Santa o antesito y en la mitad del invierno. Todo el mundo sabe que el día que agarren el punche de oro van a desencantar al cacique ADIAC que fue ahorcado en el Tamarindón de Sutiava. Este punche es el espíritu precioso de los Sutiava que los ha guiado siempre en sus desesperadas luchas por no sucumbir bajo la pesada cruz que les impusieron los colonizadores.

Primer hombre y mujer de Tisey



  "Los ancianos indígenas campesinos de las montañas del Tisey y de Apaguají me relataron cómo habían formado al Primer hombre y a su mujer, según les contaban sus abuelos. Dijeron ellos que, hacía muchísimos  años, mucho antes que hubiera gente sobre la tierra, vivía en lo más espeso  del monte un viejito solitario que se preparaba él mismo la comida. Que un   día no teniendo nada que hacer y sintiéndose muy aburrido, tomó una masa dura de maíz que le había sobrado después de haber hecho sus  tortillas, y la reblandeció con sopa de frijoles y miel de jicote que tenía  guardada en una jícara.
              Con esta masa reblandecida y ya suave hizo dos pequeños muñecos como  del tamaño de una cuarta. Y que como se doblaban al ponerlos de pie,  dispuso reforzarlos a cada uno con palitos y ramitas, con piedritas y  conchitas finas pepenadas de la quebrada que pasaba cerca de su choza de palma. Que también les había metido dentro de las cajitas del cuerpo, una bolita de hule, dos pelotitas de algodón, lodo con chile, aguacate y   clara de huevo de jolote, un pedacito de tiesto de comal, bejuquitos, gusanitos de tierra, dos frijoles rojos que estaban tirados en el suelo,  popitas, tomates de monte, semillas de ayote, también de achiote y otras menudencias. Que como cabellos había usado pelo seco de maíz que tenía  guardado en el cuiscoma. Y que estando así, ya bien rellenados, el viejito   quiso forrarlos con unas hojas de tabaco que tenía para sus puros usando  como hilo el mismo pelo de maíz.
              Que como las hojas de tabaco estaban secas y se quebraban a cada rato  las había humedecido luego con agua medio salada. Así arreglados, dispuso cocerlos. Y que habiendo terminado por el mancuerno, al primer muñeco le había dejado una hilacha larga guindada, pues creía que iba a sobrarle hilo. Pero que al segundo muñequito lo había dejado abierto,  porque precisamente cuando zurcía el gancho de las piernas se le había  acabado el hilo. Y éste es el motivo por el cual los hombres tenían el gran  colgajo por delante y las mujeres su tamaña gran rajadura. 

La leyenda de La Mocuana


La Mocuana sale en La Trinidad

Se cuenta que una hermosa mujer que tenía un hijo y se enamoró de un joven muy rico de otro pueblo, este hombre la quería a ella pero no a su hijo y  le propuso de que lo regalara. Ella le dijo que no iba a dejar a sus hijo. Pero este hombre le dijo que  la mataria a ella y a su hijo si no se casaba con él.  Ella muy triste escapa para esconderse con su hijo en la cueva del cerro La Mocuana en La Trinidad, camino y camino dentro de la cueva hasta que se pierde  y muere con su alma  en pena; La leyenda cuenta que La Mocuana  sale todas las noches despues de las 12, vestida con un vestido de seda blanco y si algún niño esta despierto o llorando ella llega y se lo lleva pensando que es su hijo. La gente de la Trinidad dicen que algunos la han visto por la carretera panamericana, Otros dicen que ya  han intentado introducirse a lo profundo de la cueva pero se han visto imposibilitados a seguir ante la presencia de miles de murciélagos que viven allí.

La leyenda de La Mocuana

Si León tiene sus leyendas de la “Carreta Nagua”, el “Caballo de Arrechavala” y el “Padre sin Cabeza”, y Masaya sus espantos de ahuizotes, La Trinidad no se queda atrás, y es dueña de una de las más fantásticas historias de la Nicaragua colonial y de uno de los personajes mitológicos más conocidos en ese período: La Mocuana.


“Aproximadamente en el año 1530, los españoles realizaron una expedición bien armada en territorio nicaragüense, para ampliar sus dominios e incrementar sus riquezas. En esta incursión los españoles lograron reducir a los indios de Sébaco, habitantes de la Laguna de Moyúa. El jefe de la tribu india, una vez vencido, obsequió a los conquistadores bolsas elaboradas con cuero de venado, llenas de pepitas de oro.

La noticia en España de que los conquistadores habían regresado con grandes riquezas llamó la atención de un joven, quien esperaba vestir los hábitos y cuyo padre había muerto en esta incursión. Decidido, el joven se incorporó a una nueva expedición, y después de un largo y penoso recorrido llegó a suelo nicaragüense, donde fue muy bien recibido por los pobladores, creyendo que era un sacerdote.

Ya en Sébaco, el joven conoció a la hermosa hija del cacique y la enamoró con intenciones de apoderarse de las riquezas de su padre. La joven india se enamoró perdidamente del español, y en prueba de su amor le dio a conocer el lugar donde su padre guardaba sus riquezas. Hay quienes afirman que el español también llegó a enamorarse verdaderamente de la joven india.

El cacique, al conocer los amoríos entre su hija y el extranjero, se opuso a la relación, y éstos se vieron obligados a huir, pero el cacique los encontró y se enfrentó al español, logrando darle muerte. Luego encerró a su hija, a pesar de estar embarazada, en una cueva en los cerros. Pero hay versiones que aseguran que fue el español el que encerró a la india después de apoderarse de los tesoros.

Cuenta la leyenda que La Mocuana enloqueció con el tiempo en su encierro, del que logró salirse después por un túnel, pero al hacerlo tiró a su pequeño hijo en un abismo, y desde entonces aparece por los caminos invitando a los caminantes a su cueva. Dicen los que la han encontrado que no se le ve la cara, sólo su esbelta figura y su hermosa y larga cabellera negra.

En algunos lugares cuentan que cuando La Mocuana encuentra a un niño recién nacido, lo degüella y le deja un puñado de oro a los padres de la criatura. Hay otras versiones que aseguran que se lo lleva, dejando siempre las piezas de oro”.


Entre los indígenas de Estelí

miércoles, 3 de abril de 2013

LEYENDA DE LA LLORONA

LEYENDA DE LA LLORONA

 

 
Colecciones manfut.org
 La Llorona


LA LLORONA
Tomado de "La Llorona" (fragmentos) en Milagros Palma: Senderos míticos de Nicaragua.  La Llorona es una figura popular de esas tenebrosas historias que aterran el sueño de las comunidades campesinas. Sus lamentos aparecen en medio del coro nocturno de voces de animales y del ritmo monótono de aguas de quebradas y ríos. Ese concierto lúgubre es el mismo que ha interrumpido el sueño de generaciones enteras en los pueblos diseminados en los misteriosos espacios vírgenes de nuestra América. 

En Nicaragua se oyen los lamentos de la Llorona transportados vertiginosamente por los caprichosos vientos que provienen de las cuatro esquinas del mundo. Hasta donde cuenta la gente, la Llorona se manifiesta a través de un quejido largo y lastimero, seguido del llanto desgarrador de una mujer cuyo rostro nadie ha visto.

En el barrio de El Calvario de León, se sabía que cerca del río, allá detrás del Zanjón, pasaba el florido de la Llorona. Las lavanderas del río contaban que apenas sentían caer el sereno de la noche debían recoger la ropa aún húmeda y en un solo montón se la llevaban, de lo contrario la Llorona se la echaba al río. Según el comentario de las lavanderas la Llorona es el espíritu en pena de una mujer que había botado a su chavalito en el río.
Sobre la Llorona se oyen muchas versiones pero algunas exolican aue ese llanto misterioso es la expresión del orofunpozo, mientras lavaba la ropa en el río. Pero ¿quién era esa mujer? ¿Quién podrá decirnos más sobre la vida de esta misteriosa alma en pena?
Siempre en búsqueda de conocer más y más sobre éste y otros personajes de la tradición oral de nuestro pueblo, nos embarcamos rumbo a la isla de Ometepe. (...)
...Doña Jesusita, se llamaba la anciana solitaria que viendo nuestro interés por conocer las historias del pueblo empezó a contarnos sobre el origen del llanto de la madre en pena.

«...En aquellos tiempos de antigua, había una mujer que tenía una hijita de unos 13 años, ya sazoncita estaba la mujercita. Ella ayudaba a lavar la ropita de sus nueve hermanitos menores y acarreaba el agua para la casa. La mamá no se cansaba de repetir a la hija cada vez que la veía silenciosa moler el maíz o palmear la masa cuando el chisporroteo de la leña tronaba debajo del comal de barro:
-Hija, nunca se mezcla la sangre de los esclavos con la sangre de los verdugos.
Ella le decía verdugos a los blancos porque la mujer era india. La hija, en la tarde salía a lavar al río y un día de tantos arrimó un blanco que se detuvo a beber en un pocito y le dijo adiós al pasar. Los blancos nunca le habalaban a los indios, sólo para mandarlos a trabajar. Pero la cosa es que ella se encantó del blanco y los blancos se aprovechaban siempre de las mujeres. Entonces bajo un gran palencón de ceibo que sirve para lavar ropa, allí por el río, se veían todos los días y ella se metió con él.
-Mañana, blanco, nos vemos a esta misma hora -le decía siempre.

Claro, el blanco llegaba y la indita salió pipona, pero la familia no sabía que se había entregado al blanco. Dicen que ella se iba a ver baio el auanacaste, Para que las lavanderasun barco a la isla, aquí en Moyogalpa. Ya se iba el blanco, se iba para su tierra y entonces como ella estaba por criar, ella le lloraba para que se la llevara. Pero ¡dónde se la iba a llevar! l a indita lloraba y lloraba, inconsolable, a moco tendido. Él se embarcó y a ella le dio un ataque, cayó privada. Cuando ella =..e despertó al día siguiente, estaba un niño a su lado y en lugar de querer aquel muchachito, lo agarró y con rabia le (dice:
---Mi madre me dijo que la sangre de los verdugos no debe mezclarse con la de los esclavos.
Entonces se fue al río y voló al muchachito y ¡pan! se oyó cuando cayó al agua. Al instante se oyó una voz que decía:
-¡Ay! madre... ¡ay madre!... ¡ay madre!...
La muchacha al oír esa voz se arrepintió de lo que había hecho y se metió al agua queriendo agarrar al muchachito pero entre más se metía siguiéndolo, más lo arrastraba la corriente y se lo llevaba lejos oyéndose siempre el mismo ¡~rr ento: ¡Ay madre!... ¡ay madre!... ¡ay madre!...
Cuando ya no pudo más se salió del río. El río se había llevado al chavalito, pero el llanto del niño que a veces oía lejos. otras veces aparecía cerquita: ¡Ay madre!... ¡ay madre!... iay madre!...
La muchacha afligida y trastornada con la voz, enloqueció. Así anduvo dando gritos, por eso le encajaron la Llorona. P ,hora las madres para contentar a los chavalitos que lloran pnr pura malacrianza, les dicen:
----Ahí viene la Llorona...
La mujer enloquecida se murió y su espíritu quedó errante por eso se le oyen los alaridos por las noches..." Por ahi se anda La Lorona, hasta la vez se le oye por todo el río." 

La leyenda del “Coronel Joaquín Arrechavala"




 


 Nace en Madrid, España en el año de 1728.
Sus Padres fueron: José Antonio Arechavala y Abrocia de Vilchez.

Vino a Nicaragua enviado por el Rey de España Carlos II de Borbón.
Fué ascendido a coronel el 14 de febrero de 1791. grado que ostentó hasta 1821 cuando se proclamó la independencia de Centroamérica en Guatemala.
Murió en el año de 1823 a los 95 años de edad.La riqueza (en Latino América es siempre condenada por la comunidad ), y cuando una persona rica muere, se queda errante en la tierra entre los vivos (según la creencia popular en aquellos tiempos), se quedan los espiritus asustando a la gente. Entonces es común entre la gente decir que el rico jamás conoce lo que es paz eternal, y todo esto dura hasta que su riqueza no se distribuya de alguna manera.
En la Ciudad de León, santiago de los Caballeros. Arrechavala es el personaje más popular, cuyo espiritu asusta por las noches en las calles de la ciudad. Doña Mireyita que vive en el Barrio Guadalupe, lo ha visto pasar delante de su casa y nos cuenta el testimonio:
" Era de noche super oscura, tan oscura que no miraba mi mano, y eso que estaba sentada en la acera delante de mi puerta a eso de las once de la noche.. (que hacia esta señora a las once de la noche ..esa es otra historia.. ) 
En áquella época los americanos ocupaban el país. De pronto se oyó un ruido extraño. De repente oí el tropel de un caballo que venía de Laborío (el pueblo indígena), .. En mi casa anterior había nacido el grandioso músico compositor leones José de La Cruz Mena, dicen que murió de lepra ..y pasa que en donde hoy queda el Museo Rubén Darío, todavía allí se encuentran las señas de las barras de las ventanas torcidas..ante su rabia que quería salir de la cama en que se encontraba postrado..lea Museo de la Musica en este website para mas sobre Jose de la Cruz Mena) 
Entonces allí era donde yo vivía..el caso es que oí el tropel del caballo que cogio para el lado del Cuartel de la 21. El Jinete se paró y amarró el caballo. Yo decía para mi misma:
Quién será ese americano que va a pasar por aquí ? .. la sangre cristo !!!
Y Yo pidiendole a Dios que no me fuera a decir nada por estar a deshoras de la noche en la puerta de mi casa. Yo me encomendé a dios y a todos los santos, Santo Dios mio..Santo fuerte.. Santo Inmortal.. librame de todo susto y de todo mal. Dios miio yo no sabía que hacer. Así entonces cuando éste iba pasando cerca de mi casa, y en dirección mía. Dios mío yo no sabía que hacer. El volvió atrás y yo le ví el perfil de su cara ..era un hombre simpático. El siguió caminando después le oí sonar la espuela.
Que cosa éra eso ? dije yo. Siguió caminando hasta que llegó a la esquina de los Montenegro y entonces se bajó ahí y se paró en medio de la calle haciendo maniobras militares. Ya cogió él para lo que ahora es la casa de los Madrices y le dió tres golpes a la puerta. yo me dije ahí vive ese americano, pero le mire la capa era antes de color café cuando paso delante de mi casa se miraba azul turqui, después se paró en la propia esquina de los Madrices y volvió a hacer las mismas maniobras y cogió para el trasero del Colegio San Ramón y de la Asunción. Pero cuando iba ya a llegar a la esquina encontró a un hombre, que al pasar cerca de mi le pregunté ? Vistes a aquel americano que va allá? No he visto a anadie, lo que usted vió seguramente fué Arrechavala. Efectivamente ese era Arrechavala que había dejado su caballo cerca de mi casa. De estos relatos existen muchos. Según se relata,  Arrechavala Apoyó la construcción de la Capilla de San Sebastián y  dió un donativo para reconstruir la Recolleción. También obsequió la imágen de San Sebastián de Jesús Atado a la Columna. y la Virgen de Dolores.
El Coronel Arrechavala solo se dejaba ver por algunas muchachas, y los hombres decian ya lo vamos a atrapar pero cuando sentían el coronel les estaba dando latigazos (este no se dejaba ver por ellos). Cuando venian las festividades de la Virgen de Guadalupe; el mandaba a comprar todas las flores de los jardines de León para dornar a la Virgen. se cuenta que él tenía muchas haciendas y casas. Una de sus haciendas fué la que tenía el nombre de los Arcos y tambien fué según se cree. el propietario del ingenio San Jacinto. 

LOS DUENDES



Los duendes son seres pequenitos, traviesos, astutos, de agilidad prodigiosa, de inteligencia superior y en extremo burlones. Aparentemente, con sus actos y hechos sencillos, son inofensivos. Pero una cosa es oir relatar las travesuras y jugarrteas de los duendes, y reirse a carcajadas con el relato; y otra, es ser victima o blanco de su punteria, tema o tirria.
Por lo general no se dan a ver de la gente. Hacen sus torerias como seres invisibles, y la persona o personas perjudicadas, solamente escuchan los ruidos o palpan los danos. Algunos han oido las risitas de los duendecillos, despues que acaban de hacer estos el entuerto.
Como se expreso, estos seres burlones ejecutan actos sencillos, pero pertinaces y hostigadores.
La mayoria de las veces les da por dejar caer "lluvias de piedras, terrones, trozos de ladrillo, etc. durante horas enteras y con frecuencia, durante varios dias consecutivos, sobre los patios y corredores de las casas. Sus habitantes, al sentirse asi acosados, se desasosiegan y aterrorizan; y al cabo de cierto tiempo, optan por abandonarlas. Pero algunas veces los duendes siguen siguen a los huyones.


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El duende de la Piedra de Cuapa
En el valle de Cuapa, hay una gran piedra que dicen cayo del cielo y a una legua de ella se encontraba la hacienda La Flor. Alli vivia un matrimonio que tenia una hija muy hermosa, de la cual se habian enamorado los duendes que habitaban en la casa. Todas las noches llegaban y le ponian flores en la cama y cuando iba a traer agua le enfloraban el camino. Los duendes no querian a la Mama de la muchacha y en lugar de flores le ponian espinas; Si iba a lavar le escondian el jabon; si iba a surcir le escondian el hilo y en fin, que ya nadie los aguantaba. La muchacha estaba asustada y tenia miedo de salir sola porque los duendes las seguian a todas partes.
El papa de la joven tenia un burro que jalaba agua y cargaba zacate y un dia de tantos no lo encontro, se puso furioso y comenzo a buscar el burro acompanado por los vecinos. Despues de varios dias lo encontro arriba de la piedra rebuznando afligido poruqe no podia bajarse. Comprendiendo que era una zanganada de los duendes, el senor le ordeno a su hija que les fingiera carino, correspondiendo con palabras amorosas a los regalos que le hacian. Lo que el Senor queria era que los duendes dejaran el burro.
La joven hizo caso y temblando de miedo les pidio que le bajaran el burro a su papa. Por quedar bien con ella, los duendes bajaron el burro y lo llevaron a la caballeriza.
Durante algunos dias no aparecieron y el senor creyo que ya no iban a seguir molestando, pero se equivoco. Su esposa tenia dos tazas y ellos lequebraron una porque sabian lo mucho que le doleria aquella maldad. A mediodia, cuando ella estaba estaba tomado sopa, exclamo "Que lastima que se quebro mi taza, tan bonita la pareja"; diciendo esto le dejaron caer real y medio en la sopa, entonces ella dijo: "Con esto se paga la taza". Cuando se levanto para contar el dinero que tenia guardado en un cofre, vio que le hacian falta real y medio, murmuro: "De mis mismos reales me estan pagando; que malos que son esos duendes, y le jalaron el cabello.
Como ya no los soportaban, decidieron hacerles la guerra. Despues de inventar miles de cosas, los duenos de la hacienda y los vecinos, se pusieron a tocar musica de cuerda. Esto desagrada a los duendes porque les producia dolor de cabeza. Dia y noche pasaron los senores tocando hasta que los traviesos no tuvieron mas remedio que abandonar la casa. Dicen que los chontalenos cuando ven una persona sobre la piedra gritan: "Alla esta el burro de Cuapa" y el que esta arriba, en venganza contesta: "Alla estan los duendes".




Se cuenta de una senora, que sintiendose hostigada por los duendes, decidio abandonar su casa sita en Monimbo y trasladarse a otra en el barrio San Jeronimo. Contrato algunos mozos y mando con ellos su cama, su cofre , su tinajon etc. etc. y espero la nochecita para irse ella con su motete de ropa y algunas pertenencia livianas. Se encamino la buena senora para la otra casa. y no habia olvidado su bacinilla..y entonces exclamo:
"Ay, Dios mio, olvide mi bacinilla; tendre que volverme..!
-Aqui la llevo yo..contesto una vocesita..
En efecto, un muchachito de cotoncito rojo iba a la par de ella, con la bacinica en la mano.

El nancital


Fue abajo de Acoyapa, muy abajo. Y hace ya de esto mucho tiempo, mucho tiempo. A algunas leguas de lo que hoy es San Ubaldo, había un   pueblo. No era un pueblo, tan sólo un caserío, pero tenía plaza y cabildo, hermosas casas de madera y una iglesia, Sí, había iglesia hecha de  adobes, con bonito campanario sin campanas en el que los niños,  jugando, hacían alegres alharacas. 
               No había cura. Dos veces al año se celebraba misa cuando llegaba un padre de Granada y era de ver cómo la gente piadosa llevaba sus niños al bautismo y cómo los hombres fuertes y sencillos se confesaban. El Día de Corpus era el día grande. Corpus es el recuerdo del misterio más alto de la Iglesia: el pan y el vino que se hacen el cuerpo de Cristo. 
               Hoy es jueves, Jueves de Corpus y la pequeña cálida iglesita está repleta. sobre la mesita humilde el ara santa y sobre ella el cáliz y la hostia que esperan el milagro. Los hombres hablan en voz baja. Las  mujeres, con sus rebozos anchos se cubren la cabeza y los niños  molestan. El cura sale con su casulla blanca, hacia el altar, juntas las manos y el pueblo se arrodilla. Es entonces que se oye la voz de un   niño: 
               -¡El amigo del diablo! ¡Ahí está el amigo de diablo! 
               Ahí, al fondo, semioculto tras las pilas del bautismo, estaba don
               Ildefonso. Vivía apartado en la montaña, se reía de las cosas de Dios y
               se dedicaba a la hechicería. Que tenía pactos con el diablo era el decir
               de la gente y ese pacto logró muchas veces que muchos se sanaran de
               graves enfermedades. ¿Era bueno? ¿Era malo? ¡Era amigo del diablo,
               el lo decía cuando hacía milagros! 
               -¡El amigo del diablo! ¡El amigo de Satanás! 
               El sacerdote se volvió de cara a los fieles y buscó con sus ojos al raro
               visitante, pero no había nadie! 
               -¡Padre! -gritaron las mujeres-. Era él. Todos le vimos. Ese es el
               hechicero que niega a Dios y que bendice al diablo. 
               El cura alzó los brazos hacia el cielo y dijo casi gritando: 
               -¡Cristo vive! ¡Cristo reina! ¡Cristo impera! 
               Y se oyó, entonces, un estrépito terrible. Saltaron por los aires el copón
               y el cáliz, saltó el techo como si fuera de hojarasca y la gente,
               espantada perdió el sentido. 
               Sólo los niños que estaban jugando en el vacío campanario se salvaron.
               Despavoridos, corrieron a la playa y se montaron en un bote para remar
               aguas adentro. Los niños estaban asustados, estaban enloquecidos.
               Sobre las olas del Gran Lago vieron clarísima la estampa del demonio: 
               -¡Don Ildefonso: -gritaron-. ¡El hechicero es el hijo del diablo! 
               Sonó una carcajada como un trueno que se metió en el monte y los
               desdichados niños del bote se volcaron. Todo niño de Chontales sabe
               muy bien nadar. Pero ¿cómo nadar contra las poderosas fuerzas del
               infierno? ¿Qué se hizo el cura? ¿Qué se hizo el pueblo? 
               Los niños comenzaron a nadar, pero la fuerza mágica del diablo los hizo
               tierra, los hizo polvo, los hizo islas. Desde entonces aparecieron en el
               Lago las islas de El Nancital. 

Leyenda El lagarto de oro


Cuenta la leyenda que en el cerro Hato Grande, Chontales existía una laguna y en ella  habitaba un lagarto de oro. Dicen que muchos querían atraparlo, no por ser  amantes de la naturaleza, mucho menos de los lagartos, sino por el alto valor  del oro, pero nadie podía capturarlo.  Un día de tantos, un avispado campesino que quería cazarlo, pensó que si  ofreciéndole “algo” a la Virgen de la Asunción, tal vez podía conseguirlo y así  lo hizo.
  Una mañana salió al cerro y se dirigió a la laguna. Cuando estaba a en la orilla del agua miró al lagarto de oro y fue entonces cuando ofreció a la Virgencita  de la Asunción una corona de oro y un altar si le hacía el milagro de capturar  el arisco lagarto.  El milagro no se hizo esperar y al poco rato ya tenía cogido de la cola al animal, listo para sacarlo del agua. Pero en ese momento la codicia le nubló la 
   mente y se le ocurrió decir “ahora que se friegue la virgencita” Y como por arte de magia, el lagarto se le zafó de las manos, yéndose a las  profundidades de la laguna para nunca más volver. 


 

Hace mucho tiempo llego a Chontales un noble caballero de Francia, llamado don Felix Francisco Valois, quien quedo encantado de los paisajes que rodeaban la Hacienda Hato Grande situada a cuatro leguas de Juigalpa. 
Le gusto tanto la zona, que compro la Hacienda. 
En ese tiempo tambien vivia en Juigalpa una joven muy linda llamada Chepita Vital. Un dia don Francisco conoce a la Chepita y desde el primer dia quedaron impresionados y muy enamorados, fue un amor a primera vista... A los pocos meses se casaron y luego tienen una hija, la cual la bautizaron con el nombre de Juana Maria. 
Don Francisco tiempo despues, sintiendose muy enfermo se dirige a Guatemala en busca de una  sanacion. Pero antes de partir recomienda a su administrador hacerse cargo de la Hacienda y su familia. 
Paso el tiempo y don Francisco no volvia..todos los pobladores de la comarca comenzaron a preguntar a los viajeros sobre el devenir del frances. Hasta que alguien trajo la informacion de que este habia muerto en Guatemala. 
Dona Chepita se enfermo de pena moral y muere a los pocos anos dejando su testamento enterrado en un lugar que nadie conocia. 
Juana Maria, fue creciendo y creciendo, era toda una mujer linda y joven. Ella ignoraba que todos los bienes de su padre, eran ambicionados por  Fermin Ferrari el otrora administrador de la Hacienda. 
Ferrari era ahora un hombre malo y ambicioso..llenos de temores de perder toda la Hacienda debido a la existencia de Juana Maria.. La unica forma era eliminar a la muchachita era volverla loca ...asustandola.. para que se marchara del lugar.. 
Fermin empezo con los cuentos de espantos en La hacienda, le contaba historias horribles a Juana..y con el tiempo  ya la habia enloquecido 
La muchacha..se arrastraba..cantaba..bailaba..y decia entre sus locuras.."Viva la Condesa de Valois"..Luego despues de varios meses de locura..fallece, ante el estupor de todos los comarcanos que afirmaban que Fermin era el responsable de su muerte. 
El bandidaso de Fermin empezo a vender todas las propiedades de La Hacienda y con el dinero colectado abandona el pais. Pero con su suerte de que vecinos traen la historia al pueblo de que Fermin habia sido asaltado y muerto por unos bandoleros que habia tropezado en el camino. 
Algunos vecinos que estimaban a la familia de Juana Maria lellevaban flores a su tumba. La sepultura quedaba en el cerro del Hato Grande, al borde de una laguna y las personas que la visitaban aprovechaban la oportunidad para darse un chapuzon. 
Un dia muy tempranito, unos vecinos casi se mueren del susto al ver en la laguna un tremendo lagarto dorado, le brillaban los ojos con el sol resplandeciente de aquella fresca manana. Corrieron al pueblo a contar la historia de lo que habian visto y algunos vecinos se dispusieron a capturar al lagarto, pero les fue imposible. 
Un campisto que creia mucho en La Virgen, subio al cerro un dia de tantos y le ofrecio a La Virgen  de la Asuncion una corona de oro y un altar de la cola del lagarto si le ayudaba a cazarlo. 
tiro un mecate a la laguna y lazo al animal de la cabeza, pero cuando lo tenia en sus manos dijo: "Que se friege la Virgen". Apenas dijo esto el lagarto se le escapo y se sumergio en el fondo de la laguna. Desde entonces todos los chontalenos buscan el lagarto de oro para hacerse ricos, pero este no volvio a salir jamas y dicen los campistas que es el alma de Juana Maria cuidado sus bienes. 

CHICO LARGO DEL CHARCO VERDE


Esta bella y misteriosa isla de Ometepe de Nicaragua, guarda leyendas locales que aun viven en la imaginacion popular. Entre ellas se destacan la de "Chico Largo" y la de "El Encanto del Charco Verde", ambas estan muy relacionadas por una continuidad mental y magica debido sobre todo a la topografia insular.  



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 Este es el  testimonio que ilustra una creencia segun la cual la persona que hace un pacto con el diablo se cae muerta de repente. 
Algunas veces desaparece del pueblo y nadie mas la vuelve a ver. segun los ancianos del pueblo, muchos hombre sencillos hicieron pacto con Chico Largo y por eso se volvieron ricos de un dia para otro. 
La vida de uno que ha hecho "pacto" es limitada. Limitada al tiempo fijado en el pacto que es un contrato definitivo y no se puede anular porque el diablo se encarga de velar por el cumplimiento. 
El se complace esperando el dia que toca llegar a traer el alma comprometida. El contrato procura una vida de abundancia y goces sin limites durante un tiempo estipulado. El precio de todo esto es la entrega del alma. El Diablo a veces camuflado bajo el famoso agente nicaraguense de la isla de Ometepe "Chico Largo". El agente que tramito muchos pactos con el demonio. 

El Charco Verde es una ensenada chiquita que se abre en la Hacienda Venecia, propiedad de mi amigo don Emilio Rivera Moreno y distante a unos dos kilometros del pueblo llamado San Jose del Sur. Se llega a la ensenada bajando una cuesta sombreada por grandes arboles y arbustos. 
El Charco Verde, aparece asi repentinamente, ante los ojos de aquel espectador curioso, que mira con interes la Bahia de aguas verdes, que se tornan iridiscentes, si se observa desde ciertos angulos... a traves del oleaje que agitan sus aguas..y  especialmente aquellos dias, cuando hay vientos fuertes que vienen del Sur o Suroeste de la Isla de Ometepe. 


La leyenda cuenta que el Viernes Santo a mediodia aparece una mujer en el centro de la Laguna Charco Verde, se le puede ver peinandose con un peine de oro... 
Se dice que aqui es tambien es la entrada a "un sitio encantado".. aquel lugar en donde esta preciosa mujer aparece... que tambien vive en ese encantado mundo..en donde se dice se encuentran todas aquellas personas que "han sido vendidas por el endemoniado "Chico Largo". 
 Chico Largo convierte a la gente en ganado.. y que ese ganado encantado se vende en algunas ocasiones al matadero publico de Moyogalpa o Altagracia. 
Muchas personas han oido el lamento del toro o la vaca, o el cerdo..igualito al quejido humano.. que ahora convertido en animal, pero que habria sido en otra vida un cristiano. Fue este otrora un individuo que habia hecho 'pacto" con "Chico Largo".
Por medio de ese pacto, vendio a cambio de su alma, por el gozo de riquezas por cierto tiempo en su vida. 
Es un pacto post muerte...despues de la cual ocurre, el individuo es llevado por muchos demonios, a la ciudad perdida en el Charco Verde.
Personas, decentes vecinos de esta isla paradisiaca.. dicen haber presenciado la muerte de alguien, de quien se decia estaba "vendido a Chico largo", se cuentan que a media noche aparecen jinetes en briosos caballos negros haciendo ladrar a todos los perros, y cacarer a las gallinas.. lo caballos relinchan  y el ganado balea, de espanto. 
Luego se apagan y se encienden una luces brillantes..las luces alumbran el cadaver de un muerto...y  los jinetes en medio de un estrepido infernal, recogen el cadaver.
Cuando alguien se atreve a encender la luz porque ha cesado el ruido, se encuentran que el cadaver ha desaparecido. y se dice que se lo llevo Chico Largo, porque ya se habia cumplido su plazo, el plazo del pacto con el denomio.
Tambien se dice que el individuo que ha pactado con Chico Largo recibe "7 negritos", Estos estan para ayudarle en sus momentos dificiles y le sacan de cualquier apuro.
Pero siete anos, solo siete anos puede tenerlos, luego debe pasarselos a otra persona, so pena de ser llevado al "Mundo encantado" en cuerpo y alma.
Segun mi informante hubo, hace ya mas de sesenta anos, un comerciante arabe, uno de esos que el pueblo mal-llama "turcos". 
Este quien hacia su ruta de comercio de tela entre Moyogalpa y Altagracia,cubria  Esquipulas, Los Angeles, Trigueros, El Tenidero, San Jose del Sur, Las Pilas y Urvaite.
En una oportunidad, yendo de San Jose del Sur a Altagracia, se encontro el turco  vendedor con un camino desconocido, donde no tenia marchantes... Lo siguio por curiosidad y a cierta distancia diviso una gran casa-hacienda, con mucho trajin de gente en todas las dependencias y poblada de un hato de ganado muy gordo.
El turco, llamado Umanzor, saludo una y otra vez a los pobladores.."Marchanta aqui las telas..tengo blancas, azules y rojas"..y asi persistia ofreciendo sus telas pero nadie le contestaba. 
Y en vista de esa desatencion,  en un lugar no tan hospitalario, al cual ya se habia acostumbrado en Ometepe.. tomo sus maletas y se las hecho al hombro en busca del camino hacia la salida.... De pronto y sin que notara en que momento, se encontro de nuevo en el camino real que lo habia traido al lugar, es decir, el camino de Altagracia.
El narrador, viejo experto, me habia dicho antes de empezar su relato, que seguramente no lo creeria, pero que Umanzor, el turco vendedor del caso, habia pasado por su casa y preguntado por la hacienda desconocida. nadie le habia dado referencias de ella. 


Los dos ancianos de Moyogalpa nos expresaron con fluidez de sus palabras, el profundo deseo de revelarnos todas las historias de lo que a lo largo de su centenaria existencia habian visto y oido en aquel misterioso paraiso de felicidad para unos y de sufrimiento para otros. El testimonio se volvia cada vez mas escalofriante sobre todo cuando empezaron a hablar asi:
" Gentes anteriores a nosotros, mas antiguas que nosotros fueron vendidas en ese encanto del Charco Verde y despues se murieron."
"Muchas personas aseguran haber visto a los desaparecidos en el encanto. "


Segunda version del cuento del turco:Una vez vino un turco, hace bastante tiempo ya. El marchante era un buhonero criminal, vendia sus cortes de pantalones, bien caro. Los daba casi al triple. 
Un dia de tantos y con una gran carga de mercancia, El Turco se fue caminando varias leguas hasta llegar a un pueblo que se llama San Jose. 
El turco conto que ahi habia encontrado una gran ciudad que nunca habia visto antes y como queria vender sus cosas, se metio ahi  y salio sin un corte.... Todo lo termino.... Dicen que se metio al encanto y ahi le compraron todo lo que cargaba... No se sabe quien lo llevo al lugar..ahi onde esta una gran pena (roca).
 Se cuenta se tropezo con un hombre que despues lo acompanaba..era un desconocido que se le aparecio de repente en el gancho de camino..alla cerca del ceibo.. le dijo hombre  para entrar aqui tenes que taparte los ojos y cuando los abrio... ya estaba en esa ciudad... y todo lo vendio...La Ciudad perdida tenia muchos jardines.. llenos de lindas flores... y animales del monte bien mansitos se te acercaban.
Pero  el turco se fue asustado.. diciendo que no queria ese dinero...y  desde esa vez nunca mas volvio a venir. 


Tambien una amiga de mi amiga... una mujer ya mayor.. Bertilda Castro se llamaba ella.. llego un dia asustadisima..ahogandose para contar su gran susto..  Vieran que triste vengo... una cosa horrible me ha pasado.... A mi comadre de los Angeles le acaba de pasar una cosa espantosa... 
Dona Bertilda la prestamista de dinero fue a cobrar sus intereses, y estando en la casa del cliente. ... llego una senora gorda vecina diciendo: 
Comadre, Buenas, vengo a que me preste a su chavalita para que me acompane a hacer un mandado. 
Bueno, Comadre llevatela, le dijo la comadre  ... La Chavalita que solo tenia ocho anos se fue muy de madrugada con la senora y como a las dos de la tarde regreso con una gran bolsa.
-"Mama, Mama".. le decia la muchachita bien palida, aqui le manda su comadre este chicharron  ...Vea, bastante le mando. 
Aqui traigo esto mama, pero no se lo coma,  Sabe por que? Porque esa senora me llevo a un lugar bien raro..alla frente a Venecia .. cuando llegamos a una gran piedrota que hay por ahi.. me dijo que cerrara los ojos... Yo le hice caso y cuando los abri otra vez, estabamos en un pueblo con poco de casas ...y Ella, su comadre ya habia desaparecido del lugar... Yo me vi solita en un corredor en aquella casona..con cuartos y cuartos.. habian un monton de cuartitos..todo alrededor y Yo estaba muy afligida... no sabia que hacer.  Me habian dejado solita... Y ahi, una Senora que Yo no conozco, me llevo comida, pero Yo estaba afligida que ni siquiera comi.
 - "Si la chavala hubiera comido, la dejan ahi."  y continuo con el relato de la chavalita: 
-Yo dije, mejor no como hasta que llegue a mi casa ..ahi estaba sentada viendo todo lo que pasaba y  no comi, y esta senora que no conozco me dijo reganandome: 
"Porque no comiste?"
Porque..este... no tengo hambre - respondi mirando al suelo.
En eso, yo mire, que sacaron de un cuarto a una senora blanca bien gorda ... la metieron en otro cuarto... La Senora era tan gorda que no podia andar... yo estaba viendo eso con mucho miedo.. porque estaba muy afligida,...de repente se escucharon los horripilantes quejidos de un chancho.. ahi oi gritar..reeeeep reeeeeep.. un chancho aterrorizado en donde metieron a la senora gorda.. Ese chancho gritaba como que lo estaban degollando...esa era la mismisima  senora...la que estaban matando. Primero la convitieron en chancho y luego la mataron... Yo cuando vi salir a  otra mujer que cargaba  unos tocinos..los que trozaron delante de mi...tocinos de la senora que metieron ahi.. la gorda, que no volvi a ver... ya no salio...la puerta del cuarto estaba en pampa abierta,  pero solo estaban un monton de chicharrones ... ya no estaba ni el chancho ni nadie.. esos chicharrones son de gente, no los coma mama.. no me de a mi, - decia la chavalita llorando de miedo.
Despues de repetir varias veces que la historia era veridica. 


No hace muchos anos, murio un conocido que se llamaba Juan Mendoza. el hombre se agravo y murio, lo estaban velando en su rancho. Y aqui todo el mundo sabe que cuando alguien se muere... hay que ir a la vela... La gente va y se reune en el velorio del muerto. De San Jose venia el indio Saballos,  en el camino se encontro con  un hombre.
- Hola hombre, A donde vas?, le pregunto Saballos. 
-Pues hombre, voy largo... pero ahora que pases por mi casa, antes de llegar al gran ceibon.. vas a ver una fiesta..estan hornando rosquillas ...preparando cafe...  la fiesta es en  la noche. Pero nos vemos..Yo voy por alla, largo, bien largo... 
Despues de este cruce de palabras,cada cual continuo su camino. 
Cual no seria el susto del indio Saballos que al pasar frente a la casa de aquel hombre que se habia tropezado en camino..el  que habia visto  hace poquitito era el mismisimo que estaban velando....se habia tropezado con el muerto. el hombre que con el acababa de hablar hacia poquito...y la fiesta de la comedera era su propia vela... y el muerto ya iba en su camino pa el Charco Verde... 
 El indio cayo del susto... con un gran calenturon y lo dejo mudo por mas de una semana.  Estaba como dundo. 


Ese Chico Largo que vende el alma de los hombres. Se le miraba por el manantial..dicen que ahi se hacen los contratos... La gente veia llegar a Chico Largo montado en un gran caballo negro, los trabajadores lo veian entrar por un porton y despues se desaparecia...